Para compartir lo que sabemos. En público, y gratis para todos, ea. Y con una licencia que explique lo que dejamos que los demás hagan con lo que hemos escrito. Para que se comparta.
Para transmitir lo que saben otros. Ordenando un guirigay de voces desordenadas.
Nos permite separar nuestros distintos roles profesionales, y darles voz, si nos mola.
Cumplir nuestro deber de ciudadanos: razonar, discutir, opinar. La participación del ciudadano es casi nula, exceptuando un voto cada 4 años con el que luego se hace lo que se quiera. A los blogs se nos oye, y algo de lo denunciado o comentado, salpica a alguien.
Poner orden en la web, con enlaces de contenido semántico propio. Cuando enlazamos algo de calidad, le damos valor en los buscadores, destacando así su importancia respecto al resto, y dándole visibilidad.
Como representación de nuestra actividad profesional. A modo de tarjeta de visita, dejamos un rastro en internet de nuestra trayectoria, demostrando lo que hacemos y lo que sabemos hacer.
Para crear espacios de conversación abierta, con los comentarios. Con sus marrones propios, claro (trolls, off topic), pero siempre se puede moderar.
Porque es un archivo personal perfecto de las cosas que nos interesan. Y encima, sirve también a otros. Y a modo de lema: “Trabajando para aquellos a quienes les gusta lo mismo que me gusta a mi”.
Porque un blog es lo mejor de la web abierta, en medio de la calle, y contribuyendo a organizar todo.